domingo, 28 de noviembre de 2021

Almudena

Cuando llegaba la primavera, el curso se terminaba y los últimos temas del libro de texto hablaban sobre literatura contemporánea. Así conocí a Almudena, estudiándola de memoria sin leerla. Ella ya era por entonces una grande entre los grandes, aunque yo no lo sabía.

Después crecí y encontré Las edades de Lulú en la biblioteca familiar. Lo leí a escondidas, fascinada por la erótica y por la forma de narrar. Se lo conté a mis amigas, se formó lista de espera para leer la novela y lo leímos en el pantano, tumbadas al sol en un infinito verano adolescente. Se formó tal revuelo y tal fue la expectación, que perdí el ejemplar.

El corazón helado cayó en mis manos cuando era becaria. Recuerdo levantarme a las cinco y media de la mañana y sentirme una afortunada porque tardaba una hora y media en llegar al trabajo y tenía tiempo para leer. Los personajes vivieron conmigo durante un mes y fueron parte de mi vida. Me preocupaba por ellos, pensaba en ellos cuando estaba trabajando o antes de irme a dormir.  Fue un libro tan importante que cuando lo terminé una parte de la historia se quedó conmigo.

Después leí todo de Almudena y todo me pareció brillante. Sus novelas y sus artículos me hicieron pensar, y por eso estoy tan triste. Porque Almudena me hecho reír, llorar y emocionarme; pero sobre todo me ha hecho hacerme preguntas, cuestionarme la historia, discernir, pensar en mi país, tratar de comprenderlo y ponerme en la piel de los resistentes, los que no tuvieron voz.

viernes, 10 de abril de 2020

La belleza


Inicialmente fui una escéptica, opinaba que gran parte de la población estaba excesivamente asustada. Más tarde, cuando el gobierno decretó el confinamiento y mi empresa estableció el teletrabajo, lo consideré una oportunidad, un paréntesis. Me invadió cierto optimismo causado por la excepcional situación.

Después, las cifras dejaron de ser números y se transformaron en personas a las que conocía, enfermeras y farmacéuticas me contaban su realidad diaria, los ERTE compartían mi apellido y el gobierno anunciaba prórroga. Una capa de pena se fue posando sobre los muebles de una habitación interior en el Eixample de Barcelona.

Entre el escepticismo inicial y los días más difíciles, pasé horas preocupada por el futuro de Germán Velázquez, el último protagonista de Almudena Grandes. Escuché a escritores y actrices recitar en la iniciativa Poesía en tu sofá, lloré con La lengua de las mariposas y recuperé el documental Aunque tú no lo sepas, acerca del granadino Luis García Montero.

Agradecí que Leiva sacará Mi Pequeño Chernóbil en estos días de crisis, las versiones confinadas en la voz única de Zahara y las canciones de Bob Dylan como hilo musical.

El cuatro de abril, los periódicos anunciaban la muerte de Aute, mi madre recordaba un concierto muy íntimo del año 78. Yo, treinta y ocho años después, disfruté de un multitudinario concierto en Vallecas junto a Ismael Serrano y Silvio Rodríguez, ambas guardábamos un especial recuerdo del recital.

Entre los días mas difíciles y la calma presente comprendí que las relaciones se tornan complicadas en tiempos de coronavirus. Dos en la carretera y 10.000 km son muestras de estos baches.
La red púrpura aprovechando las horas de sol, aprender catalán con Ser entre els altres y las carcajadas de Muchos hijos, un mono y un castillo me han evadido de la realidad que a menudo se torna triste, quizás solo melancólica.

Haciendo inventario, lo que más me ha emocionado ha sido La isla del tesoro. Cuando tenía doce años mi padre me ofreció dinero por leer este libro, tratando así de despertar mi afición por la lectura. He tardado quince años en leerlo y lo que más me ha gustado ha sido imaginar a mi padre con doce años, leyendo libros de aventuras. 

A Almudena, Elvira, Benjamín, Anna, Irene, Macarena y el genio de Cuerda. A Luis, Charlie, Alberto, Leiva, Zahara y Dylan. Stanley Donen, Audrey y Carlos Marqués-Marcet, por esto y Los días que vendrán.
A Robert Louis Stevenson, Carmen Mola, Aute, Gustavo y Julita Salmerón. A todos aquellos que a través de la cultura muestran ese viaje hacia la nada, que consiste en la certeza de encontrar en tu mirada, la belleza.

A los que a través del arte nos acompañan en estos días difíciles. Gracias por no dejarnos solos.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Nos queda

Nos queda el otoño que será llamado invierno, los domingos, tu portal, mis canciones nuevas y tus antiguas canciones, las palmeras en la nieve, los amigos de siempre, el teatro, las sonrisas sinceras y para los peores ratos tenemos a Quique y la tristeza de Urquijo.


Nos quedan los gintonics, las sobremesas, la ilusión con la que brilla lo nuevo, las maletas de ida, las maletas de vuelta, los minutos contigo, la lluvia, el frío y el sol que se esconde pero no se va.


Nos queda tiempo de vivir y de sobrevivir.


Nos quedan los recuerdos añejos, otras ciudades, las mismas calles, la pena, la ilusión, la esperanza y la desesperación.

Nos quedan las llamadas a deshora, la imaginación, los límites, la voluntad, el miedo a lo desconocido, la soledad, la inmunidad y el tedio.

Nos quedan los recuerdos de un cine de verano, los ratos con uno mismo, el momento oportuno, las oportunidades que hemos dejado pasar, la piel de gallina, el placer de encontrar algo que creíamos perdido, tu lado de la cama, la felicidad latente y tú mientras tanto rebotando en un espacio vacío.


jueves, 18 de junio de 2015

No me arrepiento de nada


No me arrepiento de nada, porque si no hubiera hecho todo lo que hice no sería quien soy. Si no me hubiera caído por todos esos escalones de relaciones fracasadas no me hubieras podido levantar tú. Si no hubiera enfermado nunca de invierno, no habría llegado nadie que me curara con primaveras y que hiciera largos los veranos. No me arrepiento de lo que pasó, porque no estoy dispuesto a intentar arreglar el pasado para que se me pueda arreglar el presente. Porque lo que está roto está roto todo el rato.

No me arrepiento de no haber llegado todas esas veces que me quedé por el camino, no todo sale siempre bien pero eso no significa que salga mal. Hay mil maneras de llegar, hay mil maneras de empezar, otras tantas de acabar, y lo único que importa es que lo hagas a tu manera, que seas tú quien vive.

No me arrepiento de nada, porque todo hizo que llegara hasta ti.
Texto de Iago Campa
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