jueves, 21 de noviembre de 2013

Salamanca



Recuerdo que Belén me recomendó ver Martín Hache y yo le hice caso, me encantó. Hoy, he pensado en esta escena. La patria son los amigos. Es cierto.

Echo de menos el camino a clase antes de un examen con los apuntes en la mano, el nudo en el estómago, las dudas y también el paseo de vuelta con la caña, el alivio y el papel en sucio con las cuentas.



Echo de menos a la persona que se sienta a mi lado en la biblioteca, los dos cafés con leche de soja y azúcar moreno, el camino a Zacut, los sábados en la Ponti y los descansos que intentamos alargar.

También el agobio del día antes de un exámen, las ojeras de junio, el curso de italiano, Pablo, Goyo, Montse y Lidia. La sensación de salir de Libreros a las tres de la mañana y no saber nada, el último examen del año, el día que llegué a la facultad.


El pincho de jamón, queso y mermelada, las nueve sillas los viernes en el Pino, el montadito de los miércoles, el sol de la Plaza Mayor, la fiesta de la facultad, la terraza de Belén y Van Dyck.


Echo de menos a la persona que desayunaba enfrente de mi todos los días, que se sienta a mi lado en el sofá, que trae tortilla para dos, que se ríe de mis chistes, que me pasa los apuntes, que es responsable y me hace ser responsable, que comparte palomitas conmigo en el cine, me hace fajitas para cenar y me quiere tanto como la quiero yo. Como dice una canción de Jorge Drexler...Pau,me haces bien


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