miércoles, 27 de agosto de 2014

Andalucía es diferente


Vuelvo con las pilas cargadas después de mi viaje por el sur. Es verdad todo lo que me contaban en Mi Erasmus en Andalucía.

 

Mi primera parada fue Córdoba. Visité El Alcázar a cuarenta grados, comí flamenquines y salmorejo en La Fábrica , rabo de toro en Bodegas Campos (un restaurante precioso) y la enorme y mítica tortilla del Bar Santos a la sombra de la ESPECTACULAR Mezquita.

Paseé por La Judería entre casas encaladas y calles estrechas, descubrí la Calleja del Pañuelo y la Calle de las Flores. Visité el Palacio de Viana, el Cristo de los faroles, La Corredera, Las Tendillas...

Fui la más turista de todas las turistas en la Córdoba de Amerigo Vespucci y ellos los mejores anfitriones que podía tener.

Si Córdoba es tan bonita en pleno agosto ¿Cómo será en Mayo? Volveré para visitar Medina Azahara y probar las croquetas de La Regadera.



Cogimos la AP-4 con destino Cádiz y cantando esta canción llegamos a la Tacita de Plata.
Conocí El Puerto de Santa María, vi como el mar se traga literalmente al sol en la playa de El Palmar, devoré pescaito frito, me bañé en la Playa de Santa María del Mar (Cádiz) con una vista preciosa de la Catedral.
Brindamos muchas veces con mis amigos por ser tan afortunados, porque un Erasmus aporta mucho mas que un libreto con firmas y algunas frases hechas en italiano.
Esto solo lo puede entender quien lo haya vivido en primera persona: los nervios de los días anteriores al viaje, los abrazos de bienvenida, las carcajadas recordando aquel miércoles en Bazeel, aquella noche en Florencia o el barco de Venecia en el que no pudimos ser más felices.

Lo más emocionante fue caminar hacia El Falla, como dice la canción: Si caminito del Falla, el corazón te palpita de esa manera canalla que rompe y estalla, igual que un cañón...
Después de tanta chirigota, tanto carnaval y tanta comparsa al llegar al Gran Teatro me sentí más gaditana que la mismísima Caleta.


Mi última parada fue Sevilla donde Alejandra hace que me sienta como en casa, me lleva a sitios tan bonitos como un atardecer en La Plaza de España, la ciudad de noche desde la polémica seta y las tapas de La Duquesita.
Mientras andamos por la ciudad me cuenta esos pequeños detalles que solo conocen algunos privilegiados como ella que viven en la ciudad.
Ya lo dijo Antonio Gala:  "Lo malo no es que los sevillanos piensen que tiene la ciudad más bonita del mundo...lo peor es que puede que tengan hasta razón."



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